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MASS S.I.G.E.M.E

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EXPERIENCIAS DE MI MISIÓN EN EL LIBANO

Teniente Moure Rivera en la firma de su libro

Teniente Moure Rivera en la firma de su libro

Mi primer contacto directo con libaneses fue  en las Jornadas Mundiales de la Juventud, celebradas en Santiago de Compostela los días 19 y 20 de agosto de 1989, presididas por el papa Juan Pablo II, ya que allí en mi acotado coincidí de forma casual con un grupo de jóvenes de ese país, quienes me contaron un relato desgarrador, que mostraba la cara cruel de una nación cargada de violencia. Cuando se dirigían al aeropuerto de Beirut, para tomar un avión que les condujese a Santiago, sufrieron un atentado, en el  mismo muchos perdieron la vida, otros renunciaron al viaje, por lo que de los sesenta iniciales solo quince llegaron a Galicia.
    Unos años antes había tomado parte en la Peregrinación Militar Internacional de Lourdes (Francia), en la que durante unos días pude entablar amistad con miembros del ejército francés, que partirían de misión a Líbano, unos tres meses después de este encuentro, muchos de ellos resultarían muertos en un terrorífico atentado en Beirut, cuando el 23 de octubre de 1983, la Jihad Islámica realizó dos ataques simultáneos con “coche bomba” portando la friolera de 5 toneladas de TNT. Uno contra los marines estado unidenses destacados en las proximidades del aeropuerto de Beirut y otro contra el Cuartel General Francés próximo al anterior.
En el ataque murieron 241 marines USA, 58 paracaidistas franceses y 6 civiles, además de 2 de los asaltantes.
Ante este panorama, tenía claro que Líbano no entraría  en mi diario de viajes, como un lugar para visitar de vacaciones.
En el año 2006, al mismo tiempo que en Galicia en especial en Pontevedra, Santiago y Orense se producía una impresionante oleada de incendios, en los que tome parte como jefe de sección encuadrada en el Ejercicio “Centinela Galego” durante veinticinco días, vigilando los montes de La Cañiza, Orense y La Coruña,  a  una distancia de 4.000 kilómetros, se producía un verano todavía más caliente que el nuestro, la confrontación armada que Israel llevaba a cabo  desde el 14 de agosto de ese año, en represalia por la muerte de ocho soldados israelíes y el secuestro de dos más (Edgard Roguev y Ehud Goldwasa) en una acción relámpago del Grupo Chii libanés Hezbollah en la Blue Line (Línea Azul entre Líbano e Israel trazada por la ONU)
    Ante el cariz de los acontecimientos, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, emite la Resolución 1701 para enviar una Fuerza de Interposición, bajo el nombre de UNIFIL (United Nations Force Interine from Lebanon) formada por “Cascos Azules” de los siguientes países: Alemania (782); Belgica (374); China (347); Chipre (1); Dinamarca (48); Finlandia (207); Francia (1610); Gana (850); Grecia (211); Guatemala (1); Hungria (4); India (883); Indonesia (853); Irlanda (162); Italia (2494); Korea (4); Luxemburgo (2); Malasia (362); Holanda (171); Nepal (859); Noruega (130); Polonia (317); Portugal (145); Qatar (214); Slovakia (6) España (1082); Suecia (68); Tanzania (77) y Turquía (760) el total de fuerza desplegada era de 13.036 Militares. 
Fue en ese momento cuando me plantee ir al País de los Cedros de misión, mis resquemores anteriores, habían quedado muy atrás.
La primera avanzadilla española fue constituida por Fuerzas de la Infantería de Marina que desembarcaron en la playa de Tiro, desde donde se trasladaron a Marjayoum, para comenzar los trabajos de fortificación. 
Aunque fui comisionado, no me trasladaría a la zona de operaciones, hasta tres meses más tarde.

VIAJANDO DE PONTEVEDRA A MARJAYOUM

Un sábado cuando me disponía a salir a correr,(cuando aún mi columna me permitía hacerlo), me llamaron por teléfono desde Madrid, diciendo que el lunes debería trasladarme allí, para realizar unos cursos de preparación de mi trabajo en zona y también de inglés. 
Permanecí en la capital de España  apenas tres semanas, tuve dos días para regresar a Pontevedra, hacer los preparativos del viaje, despedirme de la familia y tomar un  tren de nuevo para Madrid, debería estar a las tres de la mañana en Barajas, para  tomar un vuelo de Air Italia a las cinco de la madrugada, dirección Beirut con escala en Milán. 
Hasta las inmediaciones del Aeropuerto Internacional “Rafik Hariri” de Beirut, el vuelo era apacible y tranquilo, pero cuando el aparato estaba en la fase de aproximación en medio de un mar de nubes que impedían ver la ciudad, de entre las mismas y a escasos metros, en un vuelo en vertical, se nos cruzó un caza  de la IAF Israelí, que obligó al piloto de nuestro avión a efectuar un giro brusco, para evitar la colisión.
Sin más sobresaltos tomamos pista y llegamos a la terminal del aeropuerto, como europeo tuve que pasar un control distinto al de la mayoría de los pasajeros, para firmar un visado de entrada escrito en inglés y en árabe, en el que tuve que explicar los motivos de mi estancia en el País.
Fuera me esperaba un vehículo del ejército español, que me trasladaría a mi Base en Marjayoum.
Atravesamos la parte cristiana y la chiita de Beirut, (esta ciudad está dividida en cuatro partes con mayoría cristiana en una, chiita otra, sunita la tercera y drusa la cuarta), antes de tomar la carretera de la costa que nos llevaba al sur.
Habían  transcurrido ya cinco meses del fin de la contienda (ésta duró  26 días), sin embargo los efectos eran visibles, un gran número de edificios destruidos, autovías y carreteras sensiblemente dañados, zonas de campo de cultivo desbastados por los efectos de las bombas de racimo etc. 
Durante el trayecto de 106 kilómetros, quería empaparme de todo lo que veía, pasamos por Tiro y Sidón, ciudades históricas y bíblicas, Nabatiye con su impresionante mezquita, Kleia y por fin Marjayoum, a como se suele decir un tiro de piedra de los famosos Altos del Golán.
Me preguntaba porque le dicen el País de los Cedros, pues no eran muchos los que podía ver desde el coche. También me llamo la atención, que la bandera era como la de Austria, solo la diferenciaba el cedro en el centro.
 Durante el trayecto vimos bastantes puestos de control de movimientos, ya fueran de la policía, el ejército o las fuerzas de seguridad interior libanesa, pero no nos pararon en ninguno, pues el vehículo llevaba desplegado el banderín de Naciones Unidas.
Comprendí mucho mejor, como no puede ser de otra manera, la hermosa y desgarradora canción “LI BEIRUT” en la magistral interpretación de Nuhad Haddad, más conocida como Fayrouz, cuya letra dice: 

Li Beirut, Men Galbi Salomon Li Beirut
Wa Qubolon lit bahr wal bouyout
Li Sakhraten Kaannacha, Wajhou baaren gadermi
Hiya men
Roni Slabi, Khamron Hiyanen
Aragivi Khobzon wa yassamin
Fa kayfa sara tamonuha
Tama nare wa doukhari
Li Beirut Majdon men ramachen Li Beirut
Men damen li waladen oumila fawga yadihe
Rayati wa ajaron al ghadi wa
Mawjon Safaren
Azharat jiraom Shabi asharat
Damaton el oummahat
Anti Beirut, Anti Li, Ahh aneeqeeni…

 Que viene a decir:
 “Para Beirut, un saludo de corazón para Beirut, besos a su mar y sus hogares, para la roca en forma de viejo marinero. Ella es vino tinto del alma de su gente,  sudor de su frente, pan y jazmín, así que ¿Por qué este fuego y este humo? Para Beirut, su gloria renacida de la ceniza, Para Beirut sangre de un niño sostenido en unos brazos, mi ciudad apagó su candil, cerro su puerta, quedo en soledad en la tarde noche, Eres mía Beirut Ayyy abrázame, mi bandera, piedra del mañana, afloraron las lagrimas de las madres, Eres mía Beirut Ayyy abrázame. Gracias a los hombres como Roni Shahi, Khozou  y Jasmine que con coraje y con corazón salvaron a Beirut, de los enemigos, lucharon contra los anti Beirut y defendieron al pueblo”.

LIBANO UN MAR DE CONTRASTES Y CURIOSIDADES

Es la  semblanza de un pueblo del que se dice que no hay una generación que no haya vivido una guerra, o  al menos un conflicto armado realmente serio.
Un pueblo culto, trabajador y en el que confluyeron muchas culturas, musulmana, europea y en la antigüedad griega y romana.
Líbano, que antes de su segunda guerra civil se denominó la Suiza asiática, por su poderío económico, cuyo resquicio de poder se puede todavía apreciar en los vehículos de alta gama, algunas casas y la presencia de las principales firmas de la moda.
 Líbano, que expresa en todos los órdenes el influjo de la cultura francesa, de la que fue colonia hasta que el General De Gaulle le dio la independencia y materializada en 1946 con la retirada del ejército galo.
Líbano, que te cautiva, te envuelve, te impacta por muchas razones, por la mezcla de lo antiguo y lo moderno sin romper el entorno, como en los Templos de Baalbek o de Tiro.
Líbano, con   sus ciudades costeras, con vestigios que las declaran de las urbes más antiguas del mundo. Como sus gentes se sobreponen a las adversidades, para a pesar de todos los pesares recibirte y abrirte sus puertas con la más amplia de las sonrisas, casi sin conocerte.
Líbano,  donde puedes ver una mezquita frente a una iglesia, donde conviven unas doce religiones sin crear excesivo problema por ello.
Líbano, donde la melodía de la música envuelve la atmósfera de los bares, en torno a la omnipresente “narguile” (pipa árabe) compartida en círculo sobre todo por los jóvenes, como un vínculo social al margen de credos y religiones.
Líbano, donde las gentes muestran sus cuerpos contorsionistas, con el baile  del “dabke” (amasado) una mezcla entre el baile irlandés y la sardana; cuyo origen se debe a la forma de amasar el barro de los tejados, de forma armónica y cogidos de la mano, para que quedase todo por igual, algunos cantaban para llevar mejor el ritmo, esto se fue haciendo más y más popular.
Dabke que institucionalizó el Presidente Libanés Camile Chaumoun, quien le encargó al coreógrafo ruso Igor Motsseiev, que estudiase los pasos de estos hombres y les pusiese música. El  dabke fue presentado  como danza tradicional en el festival internacional de Baalbek en 1960. 

Camile Chaumoun llevó las riendas del país desde  el 22 de septiembre de 1952 a 22 de septiembre de 1958)
En la década de los setenta se crearon las primeras escuelas de dabke en Beirut.
Líbano, donde también trata de competir con el dabke el “belly” o la serpenteante danza del vientre, inspirada en los movimientos de la cobra antes de lanzar su ataque mortal. Aunque se dice que también pudo tener reminiscencias egipcias, ya que las mujeres de ese país danzaban con el vientre al aíre pidiendo la fertilidad.
Líbano, que con una periodicidad de unos tres años, se produce el fenómeno atmosférico denominado el “día azul”, donde la claridad se convierte en este color, que parece envolverlo todo, las farolas, las luces de casa, introduciéndote  en una bruma nebulosa, donde el color predominante es el azul, como un extraño eclipse de sol y que para los que no sabíamos de este fenómeno resultó un sobresalto  más, pues creíamos que nos habíamos puesto malos de la vista, en una especie de histeria colectiva, como el libro “ensaio sobre a cegueira” de José Saramago. Fenómeno que como después pudimos saber, se produce en otros países asiáticos como Afganistán, ya que algunos compañeros ya lo habían vivido y por ellos ya pudimos respirar tranquilos, sabiendo que nuestros ojos estaban bien.

Líbano,  en el que las mujeres de la casa coman en una mesa, y los hombres en otra. Donde en las misas maronitas si no hay sitio para sentarse, no es el hombre el que cede su sitio a la mujer, si no es la mujer quien se lo cede al hombre. Yo mismo me vi en un apuro, porque habiendo entrado a cinco minutos de empezar la ceremonia, y estando todo lleno, me quede detrás de pie y una mujer al verme rápidamente me vino a buscar para dejarme su sitio, como obviamente me negué a aceptarlo agradeciendo el detalle, ella se fue de pie para una  esquina y el sitio permaneció vacío durante toda la ceremonia religiosa.
Líbano, donde no te explicas, como pueden los ciudadanos robar la energía del tendido eléctrico de la ciudad para sus hogares, en una maraña de cables, sin morir electrocutado. Solo viéndolo te lo puedes creer, pues de una torreta, pueden salir más de veinte cables a otras  tantas viviendas.
Pero…de vez en cuando se producen accidentes. Una tarde de tormenta, uno de los dirigentes de Hezbollah pasaba cerca de una de estas columnas de tendido eléctrico y se produjo una fuerte descarga que lo fulminó instantáneamente. Me cruce con la comitiva fúnebre formada por unos 200 vehículos engalanados con la bandera de la milicia, cuando lo llevaban a a su última morada. 
Líbano, de curiosidades políticas, en el que cada partido tiene su fuerza armada, como Hezbollah liderado por   Sayyed Hassan Nasrallah  que  forma un estado dentro de otro estado, con capítulos sociales, hospitales, colegios y universidades, representación parlamentaria y propio ejército, o el caso del grupo Amal cuyo líder Mousa el-Sadar, desapareció en 1975 de Libia sin dejar rastro, o la Falange Libanesa, de Amin Gemayel, cuyo símbolo es similar a la Falange Española y tantos otros más.
Contrastes donde como en una danza macabra la muerte juega con la vida, así la gente puede estar en la playa de Trípoli, bañándose y tomando el sol y a solo quince kilómetros de distancia, en los campos de refugiados de Nahr al Bared (Río de agua fría) milicianos de Fatah al Islam estuviesen enzarzados  en combate abierto con el Ejército Libanés, en un conflicto que causó unos quinientos muertos, sin que a los Cascos Azules les permitiesen intervenir, por estar fuera del Área del Radio de Operaciones marcada por la Resolución 1701.

Líbano, afectado siempre por los vaivenes entre  Siria e Israel afectado por distintos conflictos aunque hubiese permanecido al margen,  como ocurrió con  la guerra del Yom Kippur en ese álgido año de 1973,  año del que por otras razones muy distintas escribiría  a miles de kilómetros Paulo Rivera de Sao Paulo:

Qué año más sin criterio
fue el del setenta y tres
llevo para el cementerio
tres Pablos de una sola vez
tres Pablos no tres Pablitos
en el tiempo como en el ocaso
Pablos de muchos caminos
Neruda, Casals , Picaso
Más en este año sin primavera
Dios dejo seguir su camino
a un tal Pablo Rivera.

CLASES DE ESPAÑOL EN BOUJ EL MALOUK

Pero de todas y cada una de las experiencias vividas en este exótico país, sin duda la más positiva, fue la realización del Curso de Técnicas de Enseñanza de Lengua Española, impartido por el Instituto Cervantes de Beirut. Tras el cual,  tres días a la semana me desplazaba al Club Social de Bouj el Malouk, para enseñar español a un grupo de niños y niñas entre siete y quince años, apoyando a su vez al profesor que le daba clase a los mayores.
Cuando habían transcurrido tres meses de estas clases, un niño de siete años llamado Jhosep, fue capaz de leer un poema en español completo, ante las cámaras de un equipo de televisión española como testigo, que se había desplazado a Líbano, para realizar un reportaje para un programa que se llamaba “Otros pueblos”, lo hizo no por mérito mío, sino por la cualidad innata que tanto él como sus compatriotas tienen para aprender idiomas. 
Aunque la amarga e impactante experiencia con niños, fue la  de asistir al entierro de uno de ellos, atropellado por un vehículo libanés, cuando jugaba con su bicicleta, su padre trabajaba en la embajada italiana. Las calles del pueblo fueron engalanadas con banderas de colores de lado a lado y en el templo donde se ofició el funeral por el rito ortodoxo, no cabía ningún alma más. 
Al funeral acudieron diplomáticos de muchos países, las más altas jerarquías militares, por los pasillos del templo durante la ceremonia, camareros pasaban con bandejas en las que repartían agua, té y café, sus padres aunque destrozados, estaban reconfortados no sin falta de razón (yo así también lo creo) con la idea de que a sus nueve años el niño estaba gozando en el Paraíso, por lo que era como una fiesta de entrada en el mismo.
Niños, “mis niños libaneses” como solía decir al hablar de ellos. Niños que en su corta edad, ya habían vivido algunos de ellos dos guerras, la del 2000 y 2006, que habían visto morir compañeros y familiares en los bombardeos,  sin embargo te regalaban la más tierna de sus sonrisas durante las clases, donde se sentían contentos y felices.
Niños de los que  cuando me tocó despedirme, no pude menos que evocar el poema la despedida, que el Poeta indu-bengali Rabrindranat Tagore recitó a los niños de la escuela Santiniketan de la India, pocos días antes de su muerte acaecida el 5 de agosto de 1941, se la  leí aun a sabiendas que al hacerlo, me costase contener las lágrimas y me atenazase un nudo en la garganta, 

Te digo adiós y acaso te quiero todavía,                                                                                         
Quizás no he de olvidarte, pero te digo adiós,
No sé si me quisiste, no sé si te quería
O tal vez nos quisimos demasiado los dos
Este cariño triste, apasionado y loco
Me lo sembré en el alma para quererte a ti
No sé si te ame mucho no sé si te ame poco
Pero si se que nunca volveré amar así
Me queda tu sonrisa dormida en mi recuerdo
Y el corazón me dice que jamás te olvidaré
Pero al quedarme solo sabiendo que te pierdo
Tal vez empiece a amarte como jamás te  ame
Te digo adiós y acaso con esta despedida
Mi más hermoso sueño muera dentro de mí
Pero te digo adiós, para toda la vida
Aunque toda la vida siga pensando en ti.
Pero a pesar de todo te digo adiós.

Me abracé a ellos uno por uno, como no podía ser de otra manera, agradecido por sus muestras de simpatía y de cariño, costándome hacerles entender, cuando me preguntaron: ¿Por qué te tienes que marchar ya? Que mi mundo real estaba a más de cuatro mil kilómetros de distancia. Que también yo tenía mi propia familia.
Me dolía saber, que con casi toda probabilidad, no volvería a verlos ni aun volviendo de  nuevo de  misión allí, ya que  de hacerlo no sabría se me volverían a dar la oportunidad de retomar las clases de enseñanza del español. Era consciente y por experiencia conocía que, cada misión es distinta, aunque sea realizada en el mismo lugar.
En las misiones juega mucho el azar, las circunstancias, la situación de seguridad,  el Comandante en Jefe de la misma y yo como creyente pienso que también  los designios de Dios.
Les dije que al igual que Tagore le había dicho a los niños de la escuela de Santiniketan en la India, yo tampoco los olvidaría, que estaba seguro, que quienes continuasen las clases lo harían seguramente mucho mejor que yo, que yo sería una minúscula parte de sus vidas.
Que el diploma otorgado por el Estado Mayor de la Base de Marjayoum, lo habían logrado con su esfuerzo, su ansía e interés por aprender, que habían alcanzado un escalón pero deberían perseverar en su esfuerzo, para un día alcanzar la meta propuesta por ellos.
A los mayores, como algunos de ellos sabían hablar portugués, les entregue el Poema que me había escrito el anteriormente citado Paulo Rivera el 12 de diciembre de 1969, cuando después de pasar unos días en Pontevedra regresaba a Sao Paulo en Brasil.

Adeus, adeus, adeus
Cinco letras que choran 
Num poema de dor
Adeus, adeus, adeus
É como un carro na estrada
Sumindo na encrucillada
Triste final de saudade e amor
Quen parte ten os ollos raros dagua
Pensando na grande magua
De se despedir de alguien
Quem fica, fica chorando
Co o coraçao sangrando
Querendo partir tambem.
Adeus, adeus, adeus.

Un año después solicité de nuevo la misión de Libano, no me fue concedida y me tuve que conformar con ir por tercera vez a Kosovo en los Balcanes.

VUELTA A ESPAÑA 
Pasé mi último día en Beirut con personal de la embajada española, con el que comí en un antiguo restaurante francés, visitado  el precioso Hard Rock y cenado en un restaurante en lo alto de un rascacielos desde el que se ven las cuatro partes diferenciadas de la ciudad, descansado en el lujoso hotel Radisson, que queda justo enfrente de lo que queda en pie del Hotel Ramsés, tras el atentado que el 5 de marzo de 2005, acabó con la vida del Primer Ministro Rafiq Hariri y de veinte personas más, por el que hay abierta todavía una investigación judicial del Tribunal Internacional constituido al efecto. 

Fue este un día plagado de emociones y recuerdos, pero antes de tomar el avión me esperaba un pequeño sobresalto, me faltaba un sello de NN UN en el visado, conforme me autorizaban la salida; por lo que uno de los guardias no me dejaba embarcar, hasta que un superior suyo me dio su autorización para hacerlo.

El vuelo vía Milán fue el más bonito e inolvidable de todos los realizados hasta el presente. Era una calurosa noche de junio, víspera de la festividad de San Juan, partimos  a las cuatro y media de la madrugada, el avión rodaba por la pista, cuando los primeros rayos de sol parecían reflejarse   sobre los edificios de Beirut,  lo mismo ocurría al sobrevolar Chipre, Grecia, Kosovo y los canales de Venecia y cuando tomábamos tierra en la escala efectuada en  Milán en torno a las siete de la mañana,  desde mi ventanilla, pude contemplar de nuevo el amanecer, era como si ese día el sol se empeñase en no querer salir.
Cinco horas pase el aeropuerto de Milán,  hasta que pude tomar un vuelo a Madrid, viendo el ir y venir de aviones, y  lo que desde la terminal se podía ver de esta ciudad italiana.

Disfrutaba de este espectáculo, ajeno a que en esos mismos momentos, seis de mis compañeros, perdían la vida en un atentado, muy cerca de la Base Miguel de Cervantes de Marjayoum. Hecho del que no me enteré hasta llegar  a España, por una llamada de mi compañero de corimec.

Desde Barajas a Pontevedra, realicé el viaje en un vehículo alquilado, llegué a mi casa en torno a las diez de la noche, justo para poder ver con mi familia la hoguera que hicieron los vecinos.
Líbano, sus gentes, sus paisajes y sus interminables conflictos armados empezaban a ser  historia para mí.
 En el tintero quedaron muchas anécdotas, vivencias, de interés estrictamente profesional, del que quizás por la responsabilidad que entrañó, quizás destacase únicamente una charla que tuve que impartir, a otros compañeros de diversos países destacados también en la zona, charla que fue presidida por el Suboficial Mayor de Gana, destinado con el Comandante en Jefe de Naciones Unidas en el Cuartel General de Naquora, teniente general italiano Claudio Graziano.
Ahora pasado el tiempo, todavía puedo como no podía ser de otra manera, admirar la valentía, de personas como María Eugenia Aubet  catedrática de historia de la Universidad de Barcelona, máxima responsable de las excavaciones de Tiro, que dirige con  los fondos de Estados Unidos, Francia y España y que me ha regalado uno de sus libros, que es todo un tratado de Arte Fenicio. 
Quien en aras del arte y de la ciencia, desafía los conflictos que se expanden mientras realiza su trabajo, como cuando cayó una bomba a unos cien metros de las excavaciones.
Ella es una eminencia mundial en la materia, como lo avalan sus múltiples conferencias, ante la ONU y la UNESCO. Sus libros y cuadernos de campo,  me han ayudado a comprender un poco más, como es de correoso este pueblo desde la más remota antigüedad.

                             

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